Somos moléculas del sistema capitalista

Teniendo en cuenta que “la molécula es la parte más pequeña de la masa que conserva las propiedades del cuerpo original”, yo soy una molécula del complejo engranaje escrito por el poder capitalista que denuncio. Este engranaje determina mi educación, mi salud física y emocional, mis oportunidades, mi trabajo, incluso mi esperanza de vida y hasta la calidad del aire que respiro. Esto mismo les sucede a 7 mil millones de personas que habitan este planeta. Demasiada gente alimenta el mecanismo deficiente del capitalismo que domina el mundo. Un mecanismo desprovisto de justicia, compromiso social y ética, que degenera los sistemas sociales, retroalimentándose a través de nosotros. Es inevitable y evidente, que una de esas moléculas soy yo. Yo he contribuido con mi camiseta, a que los derechos de muchas mujeres se hayan secuestrado. Yo he colaborado con las bolsas de plásticos que he consumido, a la muerte de centenares de peces. Yo he ayudado con mis impuestos a enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres. Con mi dinero, mi banco ha financiado el tráfico de armas. Mi voto ha puesto náufragos en el mar. Mi móvil y mi ordenador han alimentado a grupos armados y multinacionales que explotan a miles de personas en las minas de coltán. Quizá no haya salida en este laberinto, pero puede ayudar a que encendamos la chispa de la razón y ver que no somos “un producto estrella”, ni seres tan perfectos e inmaculados como creemos.

Luisa Vicente Santiago (España)


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