El silencio y la tergiversación puede ser genocida

Losing our grip: More students entering school without fine motor skills

Link al artículo original: http://lancasteronline.com/features/trending/losing-our-grip-more-students-entering-school-without-fine-motor/article_c0f235d0-7ba2-11e5-bf0d-5745f74f9717.html

maestra enseñandole a una nena a agarrar correctamente un lapiz
La maestra de arte de la Escuela Primaria Denver Alisa Leidish le recuerda a la niña de kinder Laiklyn Lloyd que “pellizque y voltee” su crayón de modo que sus dedos puntiagudos, no un puño cerrado, formen su escritura.

Dice el título de la nota: “Perdiendo nuestro control: más estudiantes ingresan a la escuela sin habilidades motoras finas”

Les recomiendo leer el artículo completo. Aquí les dejo un link al artículo traducido automáticamente por Google.

Gabriela, la mamá de los chicos, es maestra de música de un jardín de infantes de clase media-baja de la zona norte del Gran Buenos Aires. Muchas veces hablamos de cosas que ella ve de sus alumnitos, a quienes acompaña con la música desde salita de 3 años hasta salita 5 años.

Básicamente, lo que está ocurriendo en la Argentina es una epidemia de trastornos y problemas de neurodesarrollo que no tienen precedente alguno en la historia de la medicina. Ni siquiera en tiempos de guerra ocurrió a esta escala en países que participaron de los conflictos bélicos.

En lo personal, atribuyo la mitad de la responsabilidad de esta tragedia moderna, a los medios de comunicación que tienen pautas claras de qué se permite ser noticia y que no, lo que en su conjunto modifica la percepción de la realidad en la que estamos inmersos, ya que –por su hegemonía– la televisión y los medios en general, no nos permiten percibir la epidemia descaradamente evidente que se desarrolla a nuestro alrededor.

Y cuando no podemos percibir un problema, menos vamos a intentar solucionarlo, como individuos y como sociedad.

Y mi crítica a los gurus homeschoolers/unschoolers más importantes, es que todos los problemas de la educación formal, lo atribuyen a una incapacidad de las instituciones educativas y sus docentes para cuidar de los niños.

De lo que nunca hablan estas gurus, ni por accidente, es sobre la situación anormal de tener a más de la mitad de los niños en un aula con problemas de neurodesarrollo y, como en el caso de la salita de 5 años de Gabriela, a un cuarto de los niños medicados con drogas psicotrópicas.

Queda claro, que la cuestión escolar hoy excede lo académico-pedagógico y entra en el campo de la medicina y la neurología. Excede incluso el campo de la psicología y la psiquiatría –como bien me lo aclarara una prestigiosísima doctora de la Argentina– porque estamos hablando de un trastorno de neurodesarrollo provocado por intoxicación, a partir de –en este orden– vacunas, alimentos y otros peligrosos tóxicos medioambientales, que son producto de políticas macroeconómicas que nuestro país abrazó, abriendo las puertas a transnacionales con modelos de negocios que destruyen cabalmente los ecosistemas de nuestra región, afectando la calidad del agua, del aire y del suelo por generaciones.

Más aún, yo diría, que las principales gurus del mundo desescolar están colaborando explícitamente en el silenciamiento de este genocidio infantil, tergiversando los evidentes problemas de neurodesarrollo con ideas que sólo pueden sostenerse desde el pensamiento mágico.

Y por tal acción, deberían ser juzgadas como criminales participes, como lo fueron juzgados los jerarcas Nazis que colaboraron con su silencio en los genocidios de la Segunda Guerra Mundial, sin haber disparado jamás su pistola Luger.

Nada más.

2 Replies to “El silencio y la tergiversación puede ser genocida”

  1. Hola gente !!
    Yo creo que los que deberían ser vistos como criminales son los docentes que ven trastornos de desarrollo en chicos totalmente sanos. Tuve la experiencia en 1ra persona, no me la contaron. Mis palabras están avaladas, entre otras muchas fuentes de información, por eminente neuropediatra que está en contra de las corrientes que buscan problemas donde solo existen temas de tiempos diferentes y en contra de medicar a nenes de 3, 6, 8 años porque no rinden las condiciones necesarias para seguir la manada o las exigencias de los programas, las maestras o la propia familia.
    Un docente que dice que alguien tiene un problema de desarrollo está diagnosticando. Eso es delito. Me lo aseguraron pedagogas, fonoaudiólogas, pediatras, psicólogas y el neurólogo que en ese momento nos acompañó.
    Por otro lado, el problema no lo tiene el chico, en caso de que sí haya dificultades o atrasos en el desarrollo, o en cumplir determinadas etapas ya sea por vacunación o por lo que sea.
    El desafío es para los adultos que estamos a cargo de su crianza y formación. El punto sería en lugar de ver dónde está la falla, o destacar lo que “no pueden”, buscar donde está lo que sí se puede y construir a partir de eso. Sin juzgar quién llega primero o quién es el mejor en tal o cual tarea.
    Abrazos para todos !!!

  2. Hooola Lili.

    Primero, ninguna docente está diagnosticando nada. No sé dónde lo leíste.

    Muchos menos medicar. Por ley las docentes no pueden dar ni una aspirina a los niños. Y se cumple. Por más que me vengas con un caso excepcional de una docente que sí lo hizo, el resto de las docentes es mínimamente inteligente para saber que no tienen que darle nada. O sea, será un caso o un puñado de caso entre las miles de docentes de inicial de la Argentina. Pero yo sé que las docentes no medicalizan porque automáticamente les inician un sumario.

    Si un niño no puede hacer cosas básicas y lo justificás, estás justamente siguiendo el guión de las pseudo-gurus homeschoolers que buscan proteger los intereses del sistema.

    La degradación de las camadas de los niños, docentes como Gabriela, la ven año a año. Y ella me acaba de decir, el cambio que se siente en apenas cuatro años es atroz. Te guste o no te te guste.

    Ignoro por qué no pueda gustarte. Pero es una realidad. Si un día venís a casa, podemos mostrarte videos de los niños de salita de 5 años intentando seguir consignas super simples. Y verás que no pueden hacerlas. Vos verás niños que tiene todo el derecho de no hacer lo que les pide otra persona que no sea la mamá y blah blah blah y todas las estupideces que te venden genocidas como Laura Mascaró Rotger.

    Yo veo niños que son incapaces de seguir consignas simples en un ambiente ameno en el que conocen a lo docente que tienen delante (en este caso Gabriela), con quien pasan momentos divertidos de la semana, como con la profe de gimnasia y que aún, con indicaciones claras fuera de cámara, son incapaces de hacerlas.

    Si vos querés seguir viendo que esos chicos son normales, está en vos. Ignoro por qué lo harías, ignoro por qué te ponés en esa postura, porque ni siquiera sabés quienes son, qué vida tienen, cómo son sus papás (algunos de sus papás son presos, por lo que los niños son víctimas de maltratos y están judicializados), pero si aún así seguís insistiendo, allá vos.

    Yo, lo que sé, es que hay miles sino cientos de miles de niños de la Argentina que por intoxicaciones a partir de las vacunas y los alimentos, están neurológicamente, “hechos pelota”.

    Y ninguna guru desescolar jamás va a hablar nada de esto. Lo cual me da reverendamente por las bolas (y estas es la expresión más fuerte que voy a escribir en este blog).

    Perderé seguidores. No me importa. No me importa perder a quienes no quieren ver. Porque tengo claro que con ellos no se puede construir más que una mentira.

    Yo aspiro a crear un mundo construido sobre la verdad y sobre la aceptación de que fuimos engañados y tenemos que construir a partir del engaño y el daño provocado a nuestros hijos.

    Lo demás es un mundo frágil, “mágico”, infantil para un adulto, que se cae por su propia gravedad.

    Yo no sé si leíste mis comentarios sobre el NSSM-200 en Facebok. Esta conversación me anima a escribir un post sobre el NSSM-200 en Sqool.me para que el famoso Informe Kissinger entre en la jerga del mundo desescolar que, en mi opinión, hoy no es más que un pedorro y mentiroso “Disneylandia” de la educación.

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